El President Artur Mas arrastra consigo un discurso soberanista que deja de lado la inmigración
 

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Por: Erika Torregrossa
redaccion@elperiodicolatino.com.es

El movimiento independentista catalán es transversal, como lo son los sentimientos. Sin embargo, actualmente está liderado por una fuerza política de marcada tendencia conservadora. © Foto El Periódico Latino

Cataluña es, como dice el poema de Jacinto Verdaguer, la pàtria del meu cor, quan de tu s’allunya, d’enyorança es mor. Yo admiro esta tierra por su carácter cosmopolita y apertura hacia lo nuevo, lo diferente, hacia la alteridad. Verdaguer decía en el siglo XIX, cuando el nacionalismo catalán apenas era un germen, que el sentimiento hace la pertenencia por esta nación. Yo soy una catalana nacida en Colombia. A veces me pregunto qué piensa de mí Artur Mas. ¿Por haber nacido en otro país, según él, seré menos catalana?

Amin Maalouf, el autor de Identidades Asesinas, me corroboró que cada uno de nosotros está compuesto por diferentes identidades. Cuando se juntan se hacen una sola irrepetible. Maalouf, francófono libanés, cuando le preguntan si siente mayor pertenencia a Francia o Líbano, cuestiona que sea el Estado quien deba determinar un asunto tan personal e íntimo.

Así que también soy catalana, pero no quiero la nación excluyente de Artur Mas. No creo que sea incluyente, ni respetuosa, para las personas que hemos nacido en otro país. En el nuevo Estado que él imagina, mis padres no podrían ser atendidos en un hospital público. ¡Ni tan siquiera podrían votar! Lo más ofensivo entre las muchas cosas que Mas no quiere explicar, sobre su proyecto soberanista, es que los extranjeros con menos de tres años de residencia no podrán votar el próximo 9N.

El político convergente parece tenerle miedo al voto de los extranjeros en la consulta. Me atrevería a decir que tiene pánico a ser incomprendido por los nous catalans. Hay ciertos líderes convergentes dedicados a movilizar a una parte de la población extranjera, a quien no han llevado a una instancia representativa en las instituciones, solamente para subirlos en los autocares cuando hay campañas. ¡Cuánta hipocresía!

Así que también soy catalana, pero no quiero la nación excluyente de Artur Mas. No creo que sea incluyente, ni respetuosa, para las personas que hemos nacido en otro país. En el nuevo Estado que él imagina, mis padres no podrían ser atendidos en un hospital público. © Foto El Periódico Latino

Hace unos años, cuando el President todavía no hablaba de independencia, su gran obsesión era el carné por puntos para inmigrantes. ¿Cómo sería la integración en su proyecto de crear un nuevo Estado? Es muy probable que peor, con suerte igual, que su famosa propuesta del año 2006. Entonces los nous catalans deberán integrarse mediante una carrera de obstáculos.

Toda la sociedad catalana, incluidos los catalanes que hemos nacido fuera, queremos decidir nuestro futuro. ¡Yo quiero votar! Quiero contestar a una pregunta en la que incluya  el federalismo. En un Estado federalista, con una nueva constitución, nuestra  experiencia y aportación a una nación de naciones, será reconocido. ¿Alguien del Governde la Generalitat se ha tomado la delicadeza de explicarnos si los nous catalans tendrán cabida y representación en las nuevas estructuras de Estado? Si tienen una idea, por muy vaga que sea, que me lo hagan saber, por favor. En el documento hecho público hace pocos días, Llibre blanc de la Transició Nacional de Catalunya, se menciona sólo dos veces el término inmigración. En el primer caso, en la página 78, con un enfoque represor. En el segundo, en el folio 89, menciona la colaboración con España y la Unión Europea, sin saber todavía si será reconocido por su parte como un Estado tal proyecto. En este documento no aparece ninguna referencia explícita sobre los nous catalans.

 

El movimiento independentista catalán es transversal, como lo son los sentimientos. Sin embargo, actualmente está liderado por una fuerza política de marcada tendencia conservadora. Es favorable al capital y contraria al componente humano. Cuando pienso en estas formas, tan aplaudidas desde el gobierno español y catalán, con el afán de Artur Mas por recortar la inversión en salud y en la educación, antes que reducir su propio sueldo, me desconcierta adivinar cómo sería una Catalunya independiente liderada por una persona como él.

Hace poco leía un artículo del profesor de la Universitat Pompeu Fabra, Ricard Zapata-Barrero, sobre La Hermenéutica de la Inmigración, en el que distingue dos tipos de discursos en la multiculturalidad. Por una parte está el discurso reactivo, y por la otra el discurso proactivo. El primero percibe el hecho multicultural como un factor negativo, destacando los conflictos que se pueden generar a partir de éste. El segundo ve en la multiculturalidad un hecho irreversible y busca, en cambio, los instrumentos necesarios para gestionarlo. La interculturalidad es el conocimiento y el reconocimiento mutuo.

¿No es acaso este último discurso, me pregunto, el que perseguimos como catalanes, españoles, europeístas o, para desembarazarnos del gentilicio, como humanistas? Artur Mas ha apoyado al Partido Popular, a lo largo de esta legislatura, en su apuesta por el recrudecimiento de las normas migratorias, como la restricción de las personas indocumentadas en el acceso a la sanidad pública.

La inclusión ciudadana no puede ser un arma arrojadiza que, cuando conviene, la dispensamos a mansalva y luego prescindimos de ella. El President arrastra consigo un discurso soberanista que deja de lado la inmigración. Como a Jacinto Verdaguer, a mí esta patria me duele porque la siento mía, y creo que es posible encontrar otras alternativas.

La alternativa no pasa por independizarnos de un Estado con políticas conservadoras, para convertirnos en otro Estado con políticas todavía más conservadoras. Es patente que la Constitución española debe reformarse, siguiendo la hoja de ruta de la vía federal, donde todos los que hacemos nacido fuera podemos participar en igualdad. Si la tendencia es un mundo global, yo siempre he sido más de abrir fronteras, que de levantar muros y cerrar fronteras. En un mundo global, el proyecto federalista representa la unidad en la diversidad. Entre los estados más desarrollados del mundo, como Estados Unidos, Alemania, y emergentes como Brasil, tenemos los mejores ejemplos de los beneficios de la unión en la diversidad. La autora es abogada y Secretaria de Inmigración de la Secretaría de Diversidad y Ciudadanía del PSC.

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